Ahora que el #8N ya pasó, y que se vio todo lo que se podía ver, me gustaría hacer algunas consideraciones al respecto.
[Antes de comenzar con la nota en sí quiero hacer un pequeño mea culpa: esa noche me saqué un poco en algún que otro sitio y medio como que entré a repartir ostias. Sepan entender, amigos. Uno no es de fierro y muchísimo menos perfecto, y, pese a que desde que se supo de la marcha no dije en lugar alguno ni una palabra ofensiva al respecto, esa noche se me soltó la cadena. Cosas que pasan].
Bien, zanjado este asunto, vamos a lo nuestro.
¿Cuál fue el "por qué" del cacerolazo?
Claramente fue una marcha en contra del gobierno; lo cual no responde a la pregunta en sí, pero nos pone un poco en tema.
Es que es difícil decir la intención precisa, porque algunos reclamos eran tan disímiles como "inmezclables". Estaban quienes exigían lisa y llanamente la renuncia de la presidenta, siendo estos los más agresivos a la hora de expresarse: yegua, chorra, hija de puta, muerte a los K y a Moreno y demás epítetos antidemocráticos. Estaban quienes pedían un cambio de rumbo en las políticas de gobierno, no estando conformes con las mismas. Estaban quienes iban por algo puntual, como su imposibilidad de comprar dólares o el reclamo por más seguridad. Y estaban también quienes no pudieron expresar claramente por qué fueron: sólo balbuceaban frases un tanto incoherentes que ni siquiera sabían cómo aclarar.
Pero había un hilo conductor, como dije al principio de este punto: todos, tuvieran la razón que tuvieran, estaban en contra del Gobierno Nacional.
Fajame que me gusta
Irremontable, injustificable, cobarde, repudiable. Todo eso y más fueron las agresiones que sufrieron no un periodista sino varios por parte de algunos manifestantes.
Al equipo de Duro De Domar le pegaron de lo lindo: al productor le dieron una senda piña de atrás, el camarógrafo corrió igual suerte y además le tiraron gas pimienta en los ojos, y de hecho todo el equipo tuvo que salir corriendo del lugar para refugiarse en un kiosco, que debió cerrar la cortina metálica para evitar más golpes.
A un periodista de Telefé le dieron una piña en la mano, que arrojó el micrófono por los aires.
Al notero de C5N, el impresentable de Nicolás Ayuso le dio terrible trompada por la espalda, tan violentamente que lo tiró al suelo.
Buena manera de promocionar una marcha pacífica de gente a la que no le gusta "el patoterismo de los K". Se pasaron con eso de dar el ejemplo, muchachos, realmente.
¿Todos los concurrentes al #8N eran iguales?
Es cierto que las generalizaciones suelen ser odiosas. Pero también es cierto que es imposible analizar una marcha individualmente, y, a menos que estemos hablando de un número muy reducido de cosas, factores o personas, la generalización es inevitable.
En este sentido, creo que todos los que fueron al cacerolazo son -cuanto menos- similares. Todos quieren que se rectifique el rumbo de la política nacional, ya sea Cristina dando marcha atrás en varias o todas las medidas que se han llevado a cabo, o cristalizando el deseo golpista de que el gobierno se vaya, dando marcha atrás en todas las medidas que se han llevado a cabo.
Y es este punto el que me lleva a otro (el final):
¿Debería el gobierno modificar sus políticas?
No voy a empezar dando mi apreciación personal. En cambio, te propongo un ejercicio de lógica:
Tenemos una porción de la población que quiere que el gobierno haga algo distinto a lo que esta haciendo y, para lograr eso, eso organiza una marcha.
Por un minuto, no pienses que esa movilización fue fogoneada por un grupo oligopólico y por basuras como Cecilia Pando y Biondini, olvidate por un rato de eso. Digamos que el cacerolazo fue espontáneo y no manijeado.
Decía: una cantidad importante de gente se congregó en el Obelisco para hacer oír su voz, para que el gobierno cambie sus políticas.
¿Atendible? Sí me preguntás a mí te digo: sí, por supuesto. Toda voz es atendible, todo reclamo es escuchable. Cristina gobierna para los 40.000.000 de argentinos, no sólo para quienes la votaron.
Ahora consideremos otra cosa: para marcar el rumbo del país (que es uno; no dos ni tres ni cinco ni cien, sino uno) es que hay elecciones cada 4 años para elegir al Poder Ejecutivo. Hace un año, el pueblo eligió un rumbo, lo eligió con el 54% de los votos.
Si la Presidenta lleva a cabo los reclamos de la gente que se manifestó el #8N... ¿no estaría desoyendo, contradiciendo, traicionando a esa mayoría del 54% que en el 2011 le dijo "vaya por este rumbo y no por otro, Presidenta"?
¿No estaría traicionando el famoso y tan respetado voto popular si cambiara sus políticas?
Las minorías deben ser escuchadas, por supuesto que sí. Pero las mayorías también, y con más énfasis, ya que por algo son la mayoría.
Está muy bien que el disidente exija respeto, pero ese disidente debe respetar también.
Y entender.
Entender que la mayoría del pueblo -del cual forma parte- eligió una manera de hacer política hace un año, tan sólo un año. Su pueblo, su propio pueblo, eligió un rumbo, por mayoría abrumadora (no tengo que recordarle a nadie que Cristina le sacó 40% de diferencia al segundo). No está en el cacerolero del #8N el pretender ser una voz más potente que el 54% de la población.
Hacer eso es cagarse en las mayorías, en el voto de su propio pueblo, en la decisión de más de la mitad de la Argentina. Pretender que algo cambie sólo porque vos lo querés, sin reparar en todos los que no quieren que eso cambie... eso es profundamente antidemocrático.
Podés protestar, cómo no, tenés derecho. Podés decir lo que sea que no te parece bien. Podés marchar, cacerolear, putear, gritar.
Lo que no deberías hacer es creer que tu voz es la única que debe ser escuchada, respetada y/o llevada a cabo. Hay una mayoría que convalida todo eso por lo que vos protestás, y cree que de hecho, tan mal no están hechas las cosas.
Yo soy capaz de respetar tu voz.
¿Vos sos capaz de respetar la mía?
