Mostrando entradas con la etiqueta cacerolas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta cacerolas. Mostrar todas las entradas

viernes, 7 de septiembre de 2012

La era de la boludez

Contrario a lo que creería el 99% de los argentinos, los cacerolazos no empezaron en nuestro país.
No, mi buen. No son un "invento argentino".
Los cacerolazos, como evento masivo, nacieron en la hermana república del Uruguay allá por los años 80. Para ser más precisos, en el año 1982, durante la dictadura de Gregorio Álvarez. Según me contaron*, el pueblo uruguayo -en plena dictadura- encontró una buena manera de protestar contra el gobierno de facto sin el riesgo de asomar la cabeza para que se la corten.
En sus casas, a la noche, apagaban la luz, cazaban una cacerola y un cucharón (ponele) y le daban duro y parejo a los utensilios culinarios.
Era su forma de decirle NO a la dictadura.

En el 2001 este fenómeno volvió a aparecer masivamente en Argentina. Quizás (seguramente) sin saber la historia de los hermanos Uruguayos, la clase media de este hermoso y tortuoso país volvió a agarrar las cacerolas y salió a la calle. Salió un poco tarde, a mi parecer, pero salió. Fue el corolario de 25 años de políticas económicas neoliberales, entreguistas, antipatria, anti pueblo, llamalo como quieras. Fueron políticas que habían empezado con el golpe cívico-militar de 1976, alcanzado su punto álgido en la década infame de los 90 y continuado con el impresentable De la Rua a fines del siglo XX y principios del XXI.
Para fines del año 2001 teníamos 25% de desocupación, más del 55% de pobreza e indigencia, miles y miles de fábricas y comercios destruidos, empresas estatales vitales privatizadas, un 1 a 1 falso, derechos laborales cercenados, jubilados hambreados, futuros jubilados con la suerte echada gracias a las AFJP, viviendas rematadas, educación y salud con uno de los más bajos presupuestos de la historia y, por si esto fuera poco, una deuda externa de padre y señor mío que crecía día a día y se aumentaba por constantes pedidos de más crédito a organismos internacionales.
Y como a esto le faltaba un broche de oro, un empujoncito para precipitar la hecatombe, el buen Cavallo (que ya nos había jodido bien jodidos en los 90), creó el famoso corralito.
Cartón lleno.
Una cosa es que se joda a los pobres (o a los nuevos pobres). La clase media que todavía tiene casa y trabajo siempre puede tolerar con moderada indignación la mala fortuna de los otros. Pero que se le tocaran los ahorros a esos mismos que se enternecían y hasta lloraban por el cartonero que veían en la tele... eso era demasiado.
Cartoneros sí, mi sueldo no.
Como sea, y más allá de esta pequeña rabieta contra la clase media tipo, no fue de extrañar entonces que un número importante de personas saliera a las calles blandiendo su cacerola.

No fue de extrañar para nada. Esas cosas no extrañan.
Ni las cacerolas de 1982 en Uruguay, ni las cacerolas de 2001 en Argentina.
No extraña que se bata la cacerola por un golpe de estado.
Tampoco extraña que se bata por hambre, injusticia social, pobreza..

Lo que sí extraña es que una cacerola suene por una cadena nacional.
O porque no te dejan comprar dólares.
O porque revalúan tu campo, ese que hoy -y no ayer- tiene una ganancia de puta madre y que no te revalúan desde hace 15 años.
Extraña. Y mucho.
Extraña, o por lo menos a mí me extraña, que batas la cacerola "porque no te gusta la Presidenta". 

Porque "la Presidenta" -sabelo- es la que creó más de 5.000.000 (sí, cinco millones) de puestos de trabajo, la que hizo que haya más de 2.000.000 de nuevos jubilados, que pasó de un 1,5% a casi 7% de partidas a educación y salud, que construyó más de 1000 escuelas, que posibilitó la Ley de Medios, la ley del peón rural, la ley de tierras, la ley de matrimonio igualitario, las paritarias, la AUH, las netbooks, que recuperó YPF en lo práctico (las decisiones), que a vos periodista te sacó del medio las calumnias e injurias por las que te habrás comido tantos juicios, que a los jubilados les da dos aumentos anuales por ley, que creó el Polo Audiovisual, que recuperó las AFJP (curro gigantesco) y AYSA (el control del agua, tan luego), que reactivó la industria como nunca nadie lo había hecho desde Perón...

Y podría seguir con tantas cosas, pero tantas. Me queda afuera el hecho de habernos sacado de encima al FMI, que no sé si lo sabías pero solía tener una oficina al lado del Ministerio de Economía. Ahora ya no está más. Néstor hizo que se fueran a la rep... a la república de EEUU, que es donde tanto les gusta residir. Pero eso lo dejo afuera porque no fue Cristina, "la Presidenta" que no te gusta hoy y por la cual agitás esa cacerola, y te indignás, y gritás "andate a Venezuela!!!" (la nueva Cuba), y hasta a veces pedís que vuelvan los militares.

Diferencias.
Un evento igual no es lo mismo ni significa lo mismo si se hace por diferentes razones.
Cacerolas eran las de ayer.
Las de hoy son sólo un reflejo de la era de la boludez.

*Realmente no busqué info escrita para corroborar que esto fuera así. Es el famoso "boca a boca" o "sabiduría popular", eso que te cuenta uno, te lo confirma otro y te lo reafirma un tercero, pero que no suele aparecer en los libros


Añadido necesario (creo yo)
Una gran persona, un amigo uruguayo, al haberle preguntado por los cacerolazos de ese país, me confirmó lo dicho.
El amigo me dijo lo siguiente:

Tal cual, Fer. En los años 80 hicimos bolsa varias cacerolas y espumaderas viejas haciéndonos sentir en la dictadura. Las "caceroleadas" iban acompañadas de apagones, o sea, tenías que apagar todas las luces de tu casa, agarrar una cacerola, sartén,o lo que fuera que hiciera ruido. Y ahí empezábamos a darle, por lo general subíamos a las azoteas para no exponernos en la calle. Muchos de los que hoy se llenan la boca con la democracia jamás cacerolearon. 

Yo tendría unos 10,12, o 13 años en los primeros caceroleos, no te puedo trasmitir lo que se sentía al escuchar un coro de cacerolas que resonaba enteramente en la ciudad, que se ponía de acuerdo a una hora para decir ¡NO! no a la dictadura. 

Aún no se me borra la cara emocionada, mezcla de rabia y emoción de mis viejos, pegándole a las ollas. 

Por eso en su momento ver a esos cajetillas valiéndose del mismo recurso para protestar por sus dólares me dió un asco y una bronca inconmensurable. 

Es cierto, la historia de los caceroleos, al menos en Uruguay, datan de aquella época. Caceroleo y apagón gral.

(Gracias Mateteag )

viernes, 1 de junio de 2012

Cacerolas dolarizadas y lo bueno de "los gorilas"

Es curioso cómo funciona la psiquis del ser humano. Aunque más puntualmente, lo que me interesa es el funcionamiento de nosotros, los argentinos, como pueblo, como sujeto colectivo. Y casi en igual medida, el funcionamiento de los medios que tienen especial interés en que este gobierno se vaya.
Y como resultado, la consecuencia de todo esto.

¿Qué me hizo plantear este interrogante?
El cacerolazo de ayer, mis amigos.
Esa revolución Essen de hace pocas horas, ese mini esbozo de "Argentina 2001" para las imaginaciones frondosas, ese intento desesperado de ciertos medios de emular esa tal situación de ese tal momento. Y ese eco envalentonado de 6,7,8 chetos indignados que probablemente ayer se sintieron Gardel y Lepera juntos al blandir sus utensilios de cocina en la esquina de Pueyrredón y Las Heras (ponele).

Créanme o no, lo sucedido ayer, casi casi que me puso contento.
¿Y por qué es esto?
Intentaré explicarme lo mejor que pueda... a ver qué tal me sale.

Causa
¿Vieron eso que dicen, que "todo depende del cristal con el que se mira"? Bueno, yo adaptaría la frase y la convertiría en: "todo depende de quién lo haga".
No es lo mismo que un chorro te pegue un tiro porque sí a que una persona, defendiendo su vida ante un peligro inminente, te pegue un tiro.
No es lo mismo que venga Juancito Perez a hablarte sobre convivencia familiar a que lo haga Barreda.
Así como tampoco es lo mismo que Perez Esquivel te hable de derechos humanos a que lo haga Videla.
No es lo mismo porque los actores no son los mismos. Ante idénticas o similares situaciones, el actor nos produce un efecto completamente distinto. Y -convengamos- es lógico que así sea.

No es lo mismo que una persona de clase media o baja salga a "cacerolear" a que lo haga una de clase media o alta.
¿Por qué?
Nuevamente: porque los actores son distintos.
Y porque más que probablemente, la cacerola se bata por causas muy distintas.
Lo cual cambia todo el panorama.
No es lo mismo hacer ruido cacerolístico porque hay pibes que todavía no tienen para comer que blandir las cacerolas porque no te dejan comprar dólares. O porque te revalúan el campo que tenés; campo que, dicho sea de paso, no es revaluado desde los '90, siendo que al resto de los mortales ciudadanos nos lo hacen todo el tiempo.
No es lo mismo gritar por hambre que gritar por comodidad.

Y en el medio de la causa...
...entran ciertos medios masivos de comunicación que se hacen eco (y qué eco) de estas cuestiones.
Por supuesto que sus propósitos son en la mayoría de los casos diferentes a los de los -ya diría- cuasi ingenuos caceroleros, carne de cañón para estos muchachos. A ellos no les importan los dólares incomprables, ni los revalúos campestres bonaerenses, ni en pueblo en general. A ellos sólo le importa ganar. Y como este gobierno les está jodiendo la quintita, le entran por donde pueden.
Joden porque los joden. Simple y claro.
Pero en el camino, reclutan un puñado de ciudadanos desorientados que le creen al gran bonete, y a otro puñado de garcas igual que ellos, y voilá!!! Como resultado, tenemos un cacerolazo capitalino segmentado. Segmentado, como las retenciones que nunca se pudieron dar, por la curiosa distribución errática y vaga de las protestas.
Ellos -los medios de los que hablo- sí que saben lo que quieren voltear.
Lástima que no se les va a dar.

Consecuencia
"Gorila y cacerola, la lucha es una sola".
Creo que es el cantito que más gracia me dio de todas las ocurrencias que se dieron con respecto a este cacerolazo.
Pero les digo la verdad de toda esta cuestión:
En un principio, me reí del tema.
A los pocos minutos, me dio un toque de bronca..
Y luego de un rato, lo que sentí fue una satisfacción enorme, pero enorme, ¿eh? Créanme.

Porque vi que esto puso nuevamente las cosas y los actores donde deben estar.
Porque gracias al "cacerolazo high society" y los terratenientes campestres pataleando, las filas K comienzan a cerrarse luego de haberse abierto ante disidencias lógicas de gestión e ideas en los últimos tiempos.
Porque gracias a la señora con tapado de piel que ayer blandía su cacerola, muchos indiferentes se acercan.
Porque los que ya éramos K desde antes (como yo), ante esta embestida de ciertos medios y ciertos chetos, dejamos las diferencias y las críticas que podemos tener en stand-by y nos hacemos puño cerrado para que nadie atente contra esta democracia que tanto nos costó y que no vamos a resignar, ni ahora ni nunca.

Este cacerolazo me hizo a mí en lo personal defender a una persona a la que no defendería normalmente: a Daniel Scioli.
Y fue gracias a ustedes, terratenientes golpistas, y a ustedes, medios desestabilizadores.
Gracias y hasta luego.
No pasarán, y esto no es ni una consigna ni una amenaza: es un hecho.

A ustedes, ciudadanos de a pie que están enojados con el gobierno, los dejo afuera de toda puteada. Contra ustedes no tengo nada. Entiendo que están en desacuerdo con el gobierno y lo respeto. Sé que los poderes más espurios del país los usan para su propio beneficio, y sé que de saber esto, no los apoyarían con la vehemencia que lo hacen. Pero no lo saben, y esto también lo sé.


Cacerolas dolarizadas.
La protesta de la clase alta y su eco bobo en la clase media, que en muchos casos ni sabe por qué lo hace. Sólo sabe (la clase alta) que este gobierno no es para ellos, porque hace que los de abajo estén cada vez más cerca, y eso "oh my God", es una afrenta.
Pero los gorilas (término que no suelo usar), en este caso, resultan ser algo bueno.
Son la vara medidora de la que el pueblo se apropia para saber lo que NO quiere ser y lo que NO quiere representar.

Así que... ¡salud! a las cacerolas de teflón dolarizadas, y bienvenidas sean.
Sigan mostrándonos el camino por el cual no debemos ir.
Y gracias por todo.