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viernes, 8 de enero de 2010

Enredrados


La escalada de tensión entre el presidente del BCRA y el Poder Ejecutivo se había iniciado el 14 de diciembre de 2009, cuando la presidenta Cristina Fernández anunció la creación del Fondo del Bicentenario para el Desendeudamiento y la Estabilización. Bajo ese título pomposo, y mediante un decreto de necesidad y urgencia, el Gobierno dispuso que el Central transfiriera 6.500 millones de dólares de reservas excedentes al Tesoro nacional, con la declarada intención de destinarlos al pago de deuda externa contraída con organismos multilaterales –Club de París– y los denominados “holdouts”, los bonistas particulares que no adhirieron al canje de 2005.
El mecanismo de “desendeudamiento” era similar al utilizado en 2006, cuando el Gobierno dispuso la cancelación anticipada de la deuda con el Fondo Monetario Internacional. Pero con una variante: en aquella oportunidad, la cesión de reservas fue aprobada por un Congreso con clara mayoría oficialista, situación que dista de la actual, donde la oposición recuperó escaños y se presenta unificada en el rechazo automático de cualquier acto de gobierno.
Ante ese panorama, el Ejecutivo midió los tiempos para eludir la inmediata revisión parlamentaria del decreto promulgándolo al filo de las sesiones ordinarias. De ese modo, la consideración del DNU alcanzó a tomar estado parlamentario, pero su tratamiento se dilató hasta marzo, cuando el Congreso vuelva a sesionar. Mientras tanto, el decreto tiene fuerza de ley y debe ser acatado como cualquier otra norma en vigencia. Eso, claro, en las formas. Porque en los hechos, Redrado se las ingenió para postergar la conformación del fondo con una doble excusa: la autarquía del organismo que preside y la posibilidad de que, al declarar la disponibilidad de una parte de las reservas, ese dinero quede a tiro de embargo de los voraces holdouts.
En apariencia, los argumentos esgrimidos por Redrado no adolecían de sensatez: la Carta Orgánica del BCRA le otorga autonomía funcional a la entidad como un modo de preservar el respaldo monetario ante eventuales problemas de caja del Tesoro. Por eso la carta dispone, entre otras cosas, que sus autoridades sólo puedan ser removidas en acuerdo con el Congreso. En el caso de los holdouts, en cambio, la postura de Redrado es más política que técnica. El titular del BCRA sostiene que el decreto firmado por la Presidenta deja abierta la puerta para que los tribunales estadounidenses dispongan el embargo de las reservas excedentes –calculadas en unos 18 mil millones de dólares– para cubrir los reclamos de los fondos buitres que poseen bonos en default. A criterio de Redrado, esas reservas podrían ser necesarias para ahuyentar eventuales ataques contra el peso provenientes de los especuladores monetarios o de una expansión inflacionaria provocada por el rebote de la actividad económica luego de dos trimestres de recesión.
Esa certeza, sin embargo, choca contra las presunciones de Economía, expresadas por su titular, Amado Boudou. “Este gobierno demostró que tiene la capacidad de generar reservas”, dijo en conferencia de prensa, y abundó: “Cuando asumimos, las reservas no alcanzaban los 6 mil millones, y hoy hay más de 40 mil. Eso se logró por el éxito de una política económica basada en el desendeudamiento, el estímulo al consumo y a la inversión. El Fondo del Bicentenario continúa en esa dirección. Por eso es atacado por quienes pretenden volver a las fracasadas políticas de ajuste”.
Esa confrontación de miradas, dejó en evidencia una discusión más profunda que el culebrón político de internas palaciegas que regocijó a la oposición: ¿Es bueno o es malo utilizar reservas para pagar deuda externa?
En este punto, los economistas difieren según sus convicciones. Quienes se ubican a la izquierda del espectro ideológico suelen coincidir en que resulta injusto privilegiar el pago de la deuda externa por encima de la acuciante deuda social. En una respuesta hacia ellos, el Gobierno sostiene que su política de “desendeudamiento” a través de reservas busca tender puentes con los mercados internacionales de créditos –dinamitados tras el default de 2001–, sin recurrir a los ajustes del Tesoro que, como se demostró en el pasado, afectarían el desarrollo de planes sociales clave –como la asignación por hijo y la movilidad jubilatoria– o las inversiones en infraestructura.
Alérgicos a los sacudones, los bancos privados agrupados en ADEBA le reclamaron la renuncia a Redrado para que preserve “la estabilidad del sistema financiero”. Por su parte, la CGT, a través de un comunicado, se pronunció a favor de la decisión presidencial de reemplazar a Redrado.
Ya entrada la noche, un colaborador del Central se sinceraba: “Es una situación extraña. No me imagino lo que puede pasar en un país donde la Presidenta esté enfrentada al presidente del Banco Central. Pero bueno, en la Argentina el vicepresidente es el jefe de la oposición...”. Bienvenido, 2010.

Extracto de la edición del 7 de Enero de 2010 de la revista 23

viernes, 4 de diciembre de 2009

Marcos Aguinis: cómo cambia la gente...?


Leyendo en internet, me encontré con una nota hecha al periodista Marcos Aguinis en Mayo de 2009. Y para mi sorpresa, en esa nota decía lo siguiente: en los setenta fue un autor frecuente para el progresismo local, fue prohibido y perseguido y aportó a la recuperación democrática con la palabra. Luego de leer eso, me fui a buscar más información de este periodista, y encontré que fue Subsecretario y luego Secretario de Cultura de la Nación en el gobierno de Alfonsín. Creó el Programa Nacional de Democratización de la Cultura y puso en marcha acciones para el mejoramiento de los mecanismos participativos de la sociedad. Por su obra fue nominado al Premio Educación para la Paz de la UNESCO. Un currículum bastante interesante que no le conocía, la verdad. Y es por eso que no puedo entender cómo es que una persona que hizo las cosas que nombré anteriormente, pueda llegar a esto (escribo unos extractos, los que más me llamaron la atención):

Periodista: Occidente respeta la propiedad privada del capital concentrado, empeñado en sostener un modelo de derrame que fracasó. Al menos eso indican los 1.200 millones de pobres en el mundo.
Aguinis: Que en Estados Unidos se viola la propiedad privada, es cierto, que hay trampas financieras también, pero hay ciertas leyes que en última instancia te defienden. Pero no hablemos de Estados Unidos, que es una potencia conflictiva para nuestra sociedad, hablemos de Nueva Zelanda, hablemos de Australia.
P: Habla como si en la Argentina rigiera el comunismo. ¿En qué aspecto no se respeta la propiedad privada?
A: Al sector agroindustrial, que es el más pujante del país, se le ha pretendido quitar gran parte de la ganancia a través de las retenciones. Se dijo que se iba a utilizar en hospitales y escuelas. Era mentira, se iba a utilizar en la caja destinada a sostener el poder del que gobierna.
P: Esa caja, como usted dice, también sostiene un tipo de cambio alto que beneficia los ingresos de las commodities agrícolas. Y para seguir con su línea de pensamiento: en tal caso las retenciones al agro serían una forma de compensar una violación a la propiedad privada anterior, que fue la confiscación del poder adquisitivo de los salarios vía devaluación.
A: Eso no es así. El precio de las commodities crecieron por demanda internacional, y la rentabilidad creció por las inversiones agroindustriales. Inversiones previas, porque el Gobierno se encargó de espantar las inversiones extranjeras, que necesitan ser controladas, es cierto, pero no expulsadas.
P: Descarto que está en contra de las retenciones...
A: Si no hubiese retenciones, y si hubiese estímulos a la agroindustria, la Argentina podría repetir el fenómeno de la Segunda Guerra, porque hoy el mundo está hambriento y necesita alimentos.
P: En aquella Argentina de posguerra se comía pan negro porque se exportaba toda la producción...
Al preguntarle su opinión sobre las AFJP, esto fue lo que pasó...
A: Eso fue una confiscación porque fue ir en contra de una decisión que tomó el ciudadano argentino al ver que la jubilación estatal fue el lugar donde todos los gobiernos siempre metieron la mano en la lata. Ahora, las AFJP no funcionan bien por sí mismas, deben ser reguladas. Por eso funcionan bien en Chile...
P: No es cierto, en Chile el sistema está colapsado y el Estado debió rescatar a los jubilados estafados por el sistema privado. Algo similar ocurre en Estados Unidos con los sistemas de seguro de retiro, con compañías quebradas por la especulación financiera.
A: Bueno, no conocía eso...
P: En su libro es muy duro con los piquetes sociales, pero no menciona a los piquetes chacareros. ¿Tiene valoraciones distintas de ambos?
A: No, ambos son criticables, y lamento no haberlo puesto en el libro...
P: Hebe de Bonafini observó que en esa manifestación (un foro que se había reunido en la Legislatura porteña) no había ningún pobre.
A: Bueno, es que a los pobres se los lleva con choripanes..
P: Aguinis, se supone que los intelectuales deberían evitar los lugares comunes...
En los ochenta fue un autor requerido por los lectores progresistas y hoy lo invitan para hablarle a la derecha. ¿Se derechizó?
A:
Al contrario, sigo defendiendo los valores de la izquierda...

La entrevista sigue, pero ahí fue donde dejé de leer. Cómo se puede hablar con tanta propiedad de un tema que "no se conoce", por ejemplo? Cómo se puede decir que defiende los valores de izquierda y hablar como una persona de derecha? Cómo se puede decir que defiende los valores de izquierda y ser un periodista respetado por gente como Grondona, Macri, Carrió y tantos otros que representan, para mí, a la derecha más recalcitrante que existe en Argentina hoy por hoy? Cómo se puede pasar se ser un periodista reconocido como "progresista" a... esto que es ahora Marcos Aguinis?