jueves, 18 de marzo de 2010

Un best seller de la hipocresía



Este texto me lo pasó un amigo, Hernán Sacco, y es un comentario sobre el libro "Pobre Patria Mía" de Marcos Aguinis. Me pareció un análisis acertado y muy bien redactado, y quisiera que ustedes también lo disfruten.

A mí me parece de una hipocresía soberana escuchar a Aguinis y otros liberales o ex-zurdos liberalizados (como es el caso de Aguinis) hablar de nuestra situación actual como si fuera la peor época que vivimos. Y mucho más cuando se apela al mito de la "era dorada" en la que "éramos ricos, cultos, educados y decentes", que es el argumento tradicional de los nostálgicos de Roca. ¿Quienes eran educados, ricos, y se consideraban decentes? ¿Quienes son los que hablan con esa nostalgia, y añoran a la generación del '80 pretendiendo hablar en nombre de todos los argentinos? No son otros que la burda y mediocre aristocracia argentina, despojada de sus privilegios inmundos cuando la Revolución del Parque y la Ley Saenz Peña inauguraron la época que vivimos, la de la soberanía popular. Para ellos ese es el hito de una catástrofe, para ellos es el ascenso del "populismo", y lo que añoran es que, cuando éramos una república bananera donde los cereales reemplazaban a las bananas, es decir cuando éramos el "Granero del Mundo", ellos con sus inventados apellidos aristocráticos eran ricos, eran los únicos "cultos", los únicos con derecho a considerarse "decentes". La frase nostálgica "éramos ricos" pone al descubierto qué es lo que realmente añoran. Los que acusan al peronismo de "mafia", de "clientelismo" deberían saber, porque esto se sabe, que no hubo en la historia argentina un aparato más clientelista, más fraudulento ni más mafioso que el del PAN, su jefe Roca, sus amigos terratenientes, y sus patotas y grupos de choque integrados por lúmpenes mafiosos. Cuánto de eso heredamos, cuánto de eso heredó el peronismo actual, es cierto que es mucho. Pero también es cierto que los que ponen el grito en el cielo hoy, no lo hacían en los años '90, ni en los años '70 cuando depositaron su confianza en el "pacificador" Perón. Lo que realmente es lamentable y temible es el odio que están acumulando actualmente ciertas personas que aspiran a nuevo rico, al lado de los oligarcas de siempre, y que están empezando a proponer un retroceso sideral en nuestro país. La democracia los ha decepcionado cuando ya no les sirve para sus intereses, y ahora incluso hay escuelas liberales, en países profundamente reaccionarios como España, EEUU o Chile, que están empezando a tirar la idea de que la democracia está mal, porque es la dictadura de la mayoría. Ellos, que cuando les convino enarbolaron hipócritamente las consignas de la democracia y los derechos humanos, ahora están probando abrir otro frente, y empezar a cuestionar si la democracia es un sistema válido. Están proponiendo cada vez más, cuestiones rayanas en lo más ridículo y delirante, retrocesos atroces hacia las prerrogativas aristocráticas, y sistemas absurdos como el que llaman "meritocracia", que no se basa en el mérito sino en lo que ellos creen que es un mérito: sus asquerosos privilegios construidos en base a la usura vil, el trabajo ajeno mal pagado, la espuria evasión fiscal, el robo liso y llano, y otra serie de canalladas largas de enumerar. Toda esta gente además está mostrando un odio de clase que, por otra parte, ya es su patrimonio histórico, y ven en la gente más pobre una especie de bárbaros incultos que no piensan y que son sustento del "populismo" (hay un claro paralelo con la línea racista y lombrosiana de los viejos unitarios). Vemos a gente como Mirtha Legrand, parafraseando a Nicolás Avellaneda, decir que el que es pobre vota mal porque no piensa, y el que tiene plata vota bien. Ahora, los que votaron a Menem en los '90 entonces ¿también eran desnutridos que votaban mal? Claro, seguramente ahora van a salir con que Menem era peronista y por eso era malo, para ser políticamente correctos, porque Menem ahora está desprestigiado, pero parece que en los '90 Menem no era tan peronista para ellos, porque bien que lo votaron. Ahora resulta que, como todo sirve para atacar al gobierno, también le echan la culpa de la pobreza, y se preocupan por los pobres (se "preocupan" por los pobres al mismo tiempo que los desprecian), pero no se preocupaban por el aumento de la pobreza en los '90, que fue drástico. Ellos contribuyeron al aumento de la pobreza, porque cuando Martínez de Hoz trajo artículos importados para aniquilar a la industria nacional que no podía competir, ellos estaban comprando mangueras musicales, maravillados con la posibilidad de viajar a Miami, extasiados de poder realizar sus aspiraciones mediocres, mientras a consecuencia de eso las industria nacionales quebraban, el desempleo aumentaba, se precarizaba el poco empleo que había, y los que antaño tenían trabajo se convirtieron en indigentes marginados por un sistema injusto. Así y todo nuestro país se ha caracterizado siempre por una enorme dignidad y solidaridad de su gente, se ha caracterizado por estar a la vanguardia en Latinoamérica en muchos asuntos, entre ellos, en educación, en desarrollo tecnológico (y no precisamente gracias a los latifundistas de ayer ni de hoy), en derechos laborales, en la protección de los niños y los ancianos. Por eso me parece hipocresía cuando se hecha la culpa de los males del país a quienes crearon 700 escuelas en los últimos años. Se hecha la culpa al viejo "populismo" de ser el origen de la supuesta incultura en la que caímos, cuando ese "populismo" fue el primero que creó fuentes de trabajo digno para los padres de los chicos pobres, garantizó leyes que protegieran a los chicos y a los trabajadores... ¿de quién fue obra la república de los niños, maravilloso e inédito emprendimiento pedagógico anterior incluso a uno de los más famosos "parques de diversiones" extranjeros? ¿fue obra de la "barbarie populista", o de la ridícula oligarquía argentina que jugaba al golf en esos mismos terrenos? Hoy hay quienes ensalzan a Chile, por diversos motivos. Si Chile hoy (y no gracias a Pinochet, como muchos quieren hacernos creer) llegó a tener un desarrollo humano superior al de Argentina, hecho que es usado por propagandistas del liberalismo, Argentina está apenas por debajo, y así y todo, Chile, un país más chiquito y con muchos menos habitantes que el nuestro tiene un sistema educativo muy desigual, y por supuesto que nuestro sistema educativo es más justo y así está probado en la estadística de la ONU que se usó para hacer el índice de desarrollo humano del año 2007. Sarmiento, un unitario del interior, un hombre profundamente racista, despectivo hacia las clases populares, con un proyecto de país clasista y excluyente, así y todo es, junto con la generación del '80 el autor de algo que se ha convertido en un patrimonio precioso de nuestra nación, como es la universalización de la educación bajo iniciativa del Estado, mientras que en un país meritocrático y elitista como es Chile, la educación es una mercancía controlada por empresas privadas a la que asisten los hijos de rico para sentirse que están recibiendo un producto exclusivo y de excelencia. Esa es la consecuencia del liberalismo a ultranza, eso es lo que durante décadas se nos ha tratado de imponer a la fuerza para convertirnos en un más país injusto. Y ahora, que los mediopelo indignados están más furiosos que nunca, sus ideas se van volviendo más peligrosas, más agresivas, más odiosas, tienen más ganas que nunca de excluir, de que volvamos a la esclavitud, de hacernos retroceder cuanto sea posible. No pueden tolerar la Igualdad, que otrora fuera una divisa liberal por excelencia, no pueden tolerar que las cosas estén yendo mejor, y por eso ahora salen con su hipocresía a decir "pobre patria mía, antes éramos tan ricos, antes, con nuestra plata dulce, más antes todavía, con nuestros latifundios, y ahora, ahora este gobierno inaudito nos quiere robar nuestras prerrogativas con tanto esfuerzo ganadas". Este libelo de Aguinis, confeccionado especialmente para estos personajes llenos de un odio hipócrita, y promocionado en primera plana en la página de la librería más grande de Buenos Aires, sin duda está destinado a convertirse en un best seller, satisfaciendo las necesidades económicas de quien lo escribió seguramente urgido por ellas. ¡Salud al señor Aguinis! De cualquier modo la historia nunca le dará la razón.

Hernán Sacco