sábado, 20 de junio de 2015

Ahora es lo mismo que siempre

Estaría bueno que todo en la vida fuera tan simple y tan puro como te lo enseñaron tus viejos cuando eras chiquito.
Esto está bien, esto está mal, eso no se hace, eso sí.
Uno crece y se va dando cuenta que la vida no es eso.
Lamentablemente o por suerte, depende el lado que se quiera ver.

Cristina no es eterna.
Lamentablemente.
Y eso sí que es un absoluto. Lo de la no eternidad y lo de lamentablemente también.
Pero más allá de esa obviedad, hay que saber que la cosa sigue, con todo y con todos. Y tiene que seguir, con todo y con todos.
Y hay opciones que se nos presentan, que quizás no sean las que uno hubiera elegido si era chiquito, cuando las cosas eran tan simples y todo se reducía a "esto sí, esto no". Pero son, y son las que son, y uno ya no es chiquito y sabe que no hay lugar para las pendejadas, porque justamente eso, uno ya no es un pendejo de mierda. Uno ya creció (espero).

No ser un pendejo de mierda quizás sea entender el momento en que estás.
O comenzar a vislumbrar que hay cosas que no sabés, que no entendés, pero que hay otra gente que sí las sabe. Y que el hecho de que no te la vayan a explicar a vos, personalmente, no quiere decir que no te tengan en cuenta.
O aprender a leer entre líneas, y aceptar la palabra de quien sabe TANTO más que vos.

A lo mejor, no ser un pendejo de mierda es no patear el tablero cuando las cosas no me gustan, porque si no puedo ser rey, ni en pedo soy alfil. O rey o nada.
¿Porque sabés qué? Los alfiles sirven, y mucho, tanto como servimos los peones, que no nos vamos.

Capaz el proceso de dejar de ser un pendejo de mierda sea darse cuenta de que los que quieren ser capos a toda costa son eso... capos a toda costa. Y así no es como se construye la política.

Porque de eso hablamos, de política. No de "mi papá era el más bueno" o "mi mamá era la más honesta".
Hablamos de un proyecto colectivo. Con la inmensidad y variedad que eso significa.
Y en esa variedad, quizás la línea final no sea la que a mí más me gusta.
¿Pero sabés qué?
Yo ya no soy un nene chiquito, y no soy un pendejo de mierda.
No pataleo cuando me pinta el berrinche. No digo "mamá mala" cuando no me compran caramelos. No me llevo la pelota cuando me están ganando 5 a 0.

Soy un hombre. Entiendo muchas cosas más que cuando sera chiquito. Entiendo al Peronismo y soy Peronista.
Y si no soy un pendejo de mierda, y soy Peronista, mi voto sólo puede ser para el FPV.

Pensalo.

A menos que seas progre, o K a secas. En ese caso, hacé lo que quieras.
Progre y K a secas es sinónimo de pendejo de mierda, al final

2 comentarios:

David dijo...

Ser un hombre también implica respetar al otro y no tratarlo de "pendejo de mierda" cuando, quizás, la única diferencia que tiene con vos es en el gusto por un candidato. La Patria es el otro, así que al otro se lo respeta. Esto no debería ser necesario explicarselo a un hombre y, mucho menos, a un Peronista

Tuqui dijo...

David, no quise nunca faltarle el respeto a los compañeros que, en disidencia, dicen cosas que no comparto ni comprendo.
Lo de "pendejo de mierda" a lo que hago referencia es un proceso que pasé yo, votante de Randazzo, a esto que soy hoy, votante de Scioli.
A mí mismo me refería con lo de "pendejo de mierda", porque creo que lo fui, y hay que hacerse cargo. Y acá estoy, haciéndome cargo.
No soy de los que putean compañeros. Ves? Eso hizo mi candidato, putear a un compañero, y eso estuvo mal.
Más allá de todo y todos, el FPV es lo único que importa. Y a eso vamos.
Abrazo
Fernando