domingo, 24 de julio de 2011

Una reflexión sobre el individualismo

Son las doce y algo de la noche del 25 de Julio de 2011, estoy en mi casa siguiendo los resultados de las elecciones provinciales de Santa Fé (que a nadie se le olvide ese detalle, son provinciales) y hasta hace un rato venía en un cabeza a cabeza Miguel del Sel (país generoso, me cago en Dios) y Bonfatti para Gobernador de dicha provincia. De más está decir que estoy sorprendido, y que tengo -además de la sorpresa- una calentura padre (por Del Sel, esto es). Porque no voy a jugar la carta de la indiferencia y boquear cosas como "pffft, da igual, qué me importa esto" porque no quiero mentir y porque no acostumbro hacerlo; sí me importa y sí me calienta. No me gusta nada que un tipo como Del Sel esté siendo uno de los preferidos de los Santafecinos, y me pregunto: ¿qué te pasa Santa Fé, TAN mal estás? Santa Fé dicho como una generalidad, no como para englobar a todos los habitantes de esa respetable provincia, no me entiendan mal.

Pero bueno, siendo ese el panorama, la cosa es que hace un rato empecé a vomitar mi indignación ciudadana en varios lugares de internet. Y en una, no va que una persona me dice lo siguiente:
Si vos no sos de Santa Fé, ¿para qué te vas a hacer mala sangre?

A primera vista, esta pregunta puede sonar hasta lógica, por lo menos para algunos oídos. Porque sí, de Santa Fé no soy. Para el caso, la gobernación de Cosme Fulanito sería lo mismo para mí, en el sentido que no es mi provincia la que va a estar gobernando, y sus medidas no me van a afectar, sea el Gobernador que sea.
Entonces, ¿por qué la "mala sangre"?
Por esto, que fue mi respuesta a tal pregunta:

Porque no hace falta que las cosas me pasen a mí en lo personal o a mi zona en particular para hacerme mala sangre. Eso es más bien un pensamiento noventista, "yo con M*nem pude viajar al exterior", por ejemplo.
Yo pude esto, yo pude lo otro, yo, yo y yo. Y el resto, los que estaban alrededor mío bien gracias, que se jodan, si yo me pude comprar el DVD me chupa tres huevos que el flaco de al lado haya perdido el laburo o le hayan cerrado la PyME, porque "sho pude ir a Miami".
Bueno, no todos pensamos así.
Por eso la "mala sangre".

Y la reflexión que aparece como título de este artículo es -además de la que escribí más arriba- la siguiente:
Yo no pienso las cosas desde una perspectiva individualista. Es más, creo que esa postura es altamente perjudicial y también creo que fue en cierta medida lo que nos llevó a la crisis del 2001. El "a mi no me afecta, por ende no me caliento" nunca es bueno.
Yo nací en 1989, año en el que empezó el M*enemismo. Y nunca pasé hambre, ni perdí mi casa, ni mi familia tuvo problemas económicos graves, ni me faltó nada. Es más: en los 90 me fui de vacaciones al exterior con mi familia, si les digo la verdad. Así que realmente, en la época del Turco no la "pasé mal", se podría decir. Mi viejo laburaba de sol a sol y mi vieja también laburaba, porque eran de esa elite que pudo conservar su trabajo en esos tiempos.
Con toda esa mochila vivencial, uno podría tranquilamente recostarse en los placeres personales (o como lo quieran llamar) y simplemente decir "a mí me fue bien", y quedarse en eso. Pero ¿y qué pasa con todos aquellos a los que no les fue como a uno? ¿Qué pasa con todos esos millones (y no exagero: millones) a los que en los 90 literalmente se les arruinó la vida gracias a esa misma política que a mí me permitió comer todos los días, tener ropa, ir al colegio, comprarme lo que necesitaba y viajar al exterior?
¿Qué pasa con toda esa gente? ¿Me olvido que existen, no los miro, no los tengo en cuenta, me los paso por el quinto forro del que ustedes saben solo porque "a mí no me fue mal"?

No es así la cosa, por lo menos no para mí.
Yo viajé al exterior en los 90 y no me faltó nada, ¿pero saben qué? Con todo gusto me quedo acá quietito por el resto de mi vida si es que eso significa que mis compatriotas puedan vivir mejor. No me calienta en lo más mínimo no tener el LCD o el DVD, si es que eso se traduce en más empleo y condiciones de vida más dignas para más gente de mi país.
El "a mi no me afecta" no me alcanza, no me sirve. Porque sí me afecta. Porque no sé ustedes, pero yo no puedo ser feliz si alrededor mío hay tanta infelicidad.
Y creo que de vez en cuando hay que fijarse un poquito más allá de las propias narices, y salirse del viejo "y bueno, pero yo pude..." y ser un poquito más solidarios con los que nos rodean.
Porque de verdad creo que esa es la única manera de construir un país para todos, pero para todos en serio, no ese "para todos" que solo se proclama cuando a uno le tocan el bolsillo y repentinamente se acuerda de "los demás".
Para todos de verdad, y todo el tiempo como corresponde.

1 comentario:

Vicky dijo...

Desde que tengo recuerdo, crecí escuchando que nadie se salva solo, concepto que pude entender siendo más grande y que me pareció y parece de absoluto sentido común, ya que no somos islas sino sociedades. Es la famosa analogía del cuerpo humano: si la mano no funciona se resiente todo el organismo...Tengo como mil años más que vos y todavía me sigo calentando con elecciones como la de hoy. Pienso en todos las personas que lucharon a través de la historia para lograr un país libre, más justo, integrado al resto de latinoamérica...dejaron la salud, la fortuna y muchísimas veces la vida, algunos luego de espantosas torturas, y todo para llegar a resultados como éste...Del Sel, Macri, Bussi en su momento, Rico, Patti...qué asco, qué desencanto, qué desesperanza. Me pregunto en qué estaré equivocada ya que no creo en absoluto en la "imbecilidad" de quienes votan a estos personajes. Muchas veces es gente buena y capaz de actos de generosidad para con sus semejantes. Así es que nada...hay que seguir creyendo en nuestra gente, sabiendo que somos parte de la misma sociedad y tratando de aprender. Soy una intemperante irredenta así es que hago un esfuerzo denodado para no dejar salir de mi boca una catarata de veneno. Mi corazón lo desea pero la razón me dice que es erróneo...